junio 2, 2020

COMO DIEZ VOLCANES EL CASTRISMO

Hoy es 20 de mayo de 2020 y se cumplen 118 años de la fundación de la República de Cuba. De cómo esa República fue sepultada por el castrismo trata este artículo, el que he documentado con una amplia bibliografía, pero sobre todo con la experiencia personal que me dejó el haber sido testigo y escudo humano en el cataclismo. 

Todo está asolado por las llamas y sumergido en lúgubre ceniza y los dioses no querrían que esto se les hubiera permitido. (Marcial. Epigrama 4.44)

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El Jardín de los Fugitivos.
Ruinas de Pompeya.
Fuente externa.

El Vesubio sepultó a Pompeya y Herculano el 24 de agosto del año 79 d. C., y tantos siglos después hasta los muertos volvieron a la vida, al menos para conformar la Historia futura de la Humanidad sustentando nuevas ideas estéticas. Pero el castrismo no fue así, como lava de diez volcanes, «compitiendo duramente con el pasado»[1], se derramó sobre la cultura cubana y la sepultó, con la intención maligna de que nada renaciera jamás de sus cenizas.

La patria que tanto costó fundar[1], las riquezas que tantas voluntades necesitó reunir, los miles de inteligencias tolerantes que supieron empujar con todas las ideas el carro del progreso por un mismo camino, la intelligensia que supo reunirse y constituir una patria con todos y para el bien de todos, ha estado ardiendo, pieza por pieza, desde hace más de seis largas e interminables décadas por el fuego del castrismo. Sus llamas trocaron la patria en campamento y el ara en pedestal.

Hizo falta menos de medio siglo para llevar a Cuba del caos y la hambruna a los más altos estándares de vida de su tiempo. Si en 1898 la industria y la agricultura estaban en la ruina total a causa de la destrucción que provocaron los mambises con la tea incendiaria, si entonces las plagas galopaban sembrando muerte a su paso y la educación se mantenía muy lejos de lo aceptable a causa de la indolencia de la metrópoli, bastaron tan solo unas décadas para levantar la industria, sembrar de maestros y escuelas la Isla y detener la mortandad con la utilización adecuada de ordenanzas sanitarias, algo que pudo suceder porque ni la guerra, ni la tea incendiaria de los mambises, ni las restricciones comerciales, ni las censuras destruyeron en Cuba el libre pensamiento.

En 1902, la salubridad había dado un vuelco notable, disminuyendo la mortalidad, que había sido de 109,000 en el año 1898, a 25,000 en 1902. A este cambio contribuyeron, además de las Ordenanzas Sanitarias[2], la tenaz labor desplegada para erradicar los focos de mosquitos transmisores de la fiebre amarilla, teoría metaxénica comprobada por el biólogo cubano Carlos Juan Finlay Barrés (1833-1915).

 España cometió el grandísimo error de no comprender que los capitalistas criollos querían libertad, pero no para pensar porque eso lo podían hacer, incluso las universidades de la metrópoli estuvieron abiertas para más de un desterrado, los criollos querían libertad para multiplicar sus capitales como era posible a todos los países que habían alcanzado el estatus de repúblicas democráticas, y eso sí que lo comprendieron perfectamente los norteamericanos.

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¡Creo que hemos llegado!
En la foto aparecen Máximo Gómez, a quien se le atribuye la
frase, y Leonard Wood al momento de izar la bandera 
cubana el 20 de mayo de 1902.
Fuente externa.

Es imposible que de las cenizas del castrismo emerja absolutamente nada. Cuando esta noche termine, quienes se dispongan a hacer una República con los despojos que haya dejado la dictadura tendrán que comenzar desde cero, quizás algunas piezas sirvan para colocar en el rompecabezas, pero habrá muchísimas otras que nunca más aparecerán, que habrán sufrido cambios irreversibles o estén simplemente muertas, habrá que comenzar de cero porque ni siquiera tuvimos la oportunidad que tuvo el pueblo hebreo, no tuvimos el chance que tuvieron los sefardíes.

Durante la colonia y la república la libertad de pensamiento permitió que miles de intelectuales, científicos, políticos, empresarios, militares y ciudadanos de todos los estratos sociales conformaran una sociedad capaz de pensar, sin que pendiera sobre sus cabezas, como espada de Damocles, la palabra diaria del adoctrinamiento, el que a la corta o a la larga los convertiría en fanáticos. Ni los gobernadores coloniales, ni los presidentes de la república tuvieron el poder de vaciar las mentes, dispersar las inteligencias y vigilarlas sistemáticamente a través de comisarios políticos y/o policiales.

 En Cuba, hasta 1959, la represión y persecución por causas políticas fue la respuesta de los regímenes que rompieron las normas democráticas ante el ejercicio que hicieron algunos grupos de ciudadanos, de ideologías diversas, del derecho a la «legítima resistencia para proteger los derechos individuales garantizados» por la Constitución[3]. Durante estos períodos fueron reprimidas las acciones, nunca las ideas y como ninguno de estos regímenes antidemocráticos se prolongó lo suficiente en el tiempo, ninguno tuvo el poder necesario para devastar las libertades conquistadas. Del General Don Tomás Estrada Palma (1835-1908) al General Fulgencio Batista Zaldívar (1901-1973), ninguno fue capaz de incinerar la libertad de pensamiento y convertir la violación de los derechos humanos en un sistemático crimen de Estado.

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Sociedad Económica Amigos del País. Fuente Externa.

Durante la colonia y los años de República aparecieron asociaciones de todo tipo a lo largo y ancho de la Isla: culturales, fraternales, de ayuda mutua etc., que propiciaron la convivencia de las ideas por más diferentes que estas fueran. Por recordar algunas mencionaré las tertulias de Domingo María de las Nieves del Monte y Aponte (1804-1853), el ilustre venezolano que acogió en su casa, primero en Matanzas y después en La Habana, a buena parte de la intelectualidad que andaba la Isla durante la década del 30 al 40 del siglo XIX y en las que «tuvieron importancia y significación no solo las letras cubanas, sino también las ideas políticas y sociales de aquella época»; entre otros, acudían a las tertulias delmontinas el científico Felipe Poey Aloy (1799-1891); el poeta Plácido (1809-1844); el escritor Ramón de Palma (1812-1860); el poeta, escritor y novelista Félix Manuel Tanco Bosmeniel (1797-1871) y el novelista Cirilo Villaverde (1812-1894)[4].

 El Progreso «(fue en Cienfuegos) una sociedad de hombres negros cultos que ostentaba (el) mayor prestigio en la ciudad dentro de las de su clase, (surgió) el 20 de julio de 1879. […] y en (ella) estaba representada una masa de negros intelectuales, de ideales separatistas»[5].

En los primeros años de la República se conoció en La Habana la Sociedad de Conferencias «que influyó notablemente en la orientación de nuestra cultura logrando su propósito de unir a nuestros intelectuales dispersos para poner su “talento” al servicio de la República». Y si bien es cierto que solo duró de 1910 a 1911, allí se dieron a conocer; entre otros, los estudios «de Fernando Ortiz sobre los negros curros, temas filosóficos de Enrique José Varona», y muchos otros trabajos históricos, investigaciones científicas y temas literarios[6].

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La terraza del Teatro Martí. Fuente Externa.

Los teatros también tuvieron sus peñas, entre ellas el saloncillo del Teatro Alhambra, «donde se charlaba de arte, literatura, finanzas, amores y amoríos»[7] y la peña del Teatro Martí, a la que uno de sus más célebres contertulios, Rubén Martínez Villena, le llamó Peña heterogénea y rebelde de la terraza del Martí»[8]. Allí iban a charlar y debatir ideas, entre otros intelectuales de la época, Raúl Roa, Lolo de la Torriente, Ángel Augier, Rubén Martínez Villena y José Zacarías Tallet.

 Al Grupo Minorista o Minoría Sabatina, que se identificaban con las ideas de la izquierda en la década del 20, pertenecieron; entre otros, «Enrique José Varona, Emilio Roig de Leuchsenring, Rubén Martínez Villena, Juan Marinello, Jorge Mañach, José Antonio Fernández de Castro, Mariano Brull, Alejo Carpentier, Eduardo Abela y Luis Gómez Wangüemert quienes defendían «la libertad y la democracia», se opusieron a «todas las tiranías del hemisferio» y abogaron por «la libertad de todos los presos políticos»[9], y si bien es cierto que algunos de ellos fueron perseguidos, reprimidos y sufrieron cárcel por sus acciones violentas, siempre prevaleció la libertad de expresión y de asociación.

 Antes de que concluyera la primera década del siglo XX Cuba era otra muy distinta a la que había nacido en 1902 como República, siendo la última colonia española en América iba emergiendo a los primeros puestos en todos los índices que establecían la modernidad. Según registra el número extraordinario del Diario de la Marina de agosto de 1918, durante la zafra azucarera 1897-98 Cuba produjo tan solo 220,000 toneladas de azúcar y en la de 1917-18 había elevado su producción a 3,300,000 toneladas con 199 centrales[10]. Y este crecimiento continuó, y a mediados del siglo XX, un «central pequeño como el Portugalete, cuya producción era más bien pequeña, vendió su producción en la zafra de 1951 en dos millones de dólares»[11].

 La situación de la intelectualidad en Cuba era muy distinta a la de otros países del área y sus profesionales tanto de las artes, las letras o las ciencias estaban entre los más aptos y libres del mundo, lo usual entonces era que Cuba recibiera inteligencias de todos los confines del planeta, es por eso por lo que Alejo Carpentier sostiene que:

 … la evolución cultural de Cuba, en estos últimos veinte años, es algo asombroso. Asombroso, no tanto por la obra realizada -que aún es escasa- sino por lo que revela acerca del proceso de maduración de la mentalidad colectiva. En lo que va del 1920 al 1940, puede decirse que La Habana abandonó sus vestimentas de ciudad provinciana, abriendo los brazos a los grandes vientos del mundo[12].

 Y si el resultado de la «maduración de la mentalidad colectiva» propició que en 1902 los cubanos se dieran la mejor Constitución posible en aquellas circunstancias, en 1940 fueron capaces de crear una Carta Magna que fue ejemplo de sabiduría y civismo, y que borró todos los lastres de la primera.

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En ella estaban garantizados los derechos y los deberes de los ciudadanos y resguardaba su soberanía al garantizarles la libertad de pensamiento:

Art. 37- Los habitantes de la República tienen el derecho de reunirse pacíficamente y sin armas y el de desfilar y asociarse para todos los fines lícitos de la vida, conforme a las normas legales correspondientes, sin más limitaciones que la indispensable para asegurar el orden público. […]

 Art. 40- Las disposiciones legales, gubernativas o de cualquier otro orden que regulen el ejercicio de los derechos que esta Constitución garantiza, serán nulas si los disminuyen, restringen y adulteran.

 Es legítima la resistencia adecuada para la protección de los derechos individuales garantizados anteriormente. […]

 Art. 47- La cultura, en todas sus manifestaciones, constituye un interés primordial del Estado, son libres la investigación científica, la expresión artística y la publicación de sus resultados, así como la enseñanza, […].

 Art. 87- El Estado cubano reconoce la existencia y legitimidad de la propiedad privada en su más amplio concepto de función social y sin más limitaciones que aquellas que por motivos de necesidad pública o interés social establezca la Ley [13].

 La libertad de pensamiento y de reunión propició que los grupos de intelectuales continuaran proliferando por toda la nación; entre ellos, el Grupo de Renovación Musical (1942-1948) y el Grupo Orígenes (1944-1956).

 El Grupo de Renovación Musical, se ocupó de transformar la música cubana de conciertos y estuvo integrado por los alumnos que tomaban clases en 1942 con el profesor José Ardevol Gimbernat (1911-1981) en el Conservatorio Municipal; entre ellos Harold Gramatges (1918-2008), Edgardo Martín Cantero (1915-2004), Julián Orbón Soto (1925-1991), Argeliers León Pérez (1918-1991), Hilario González (1920-1996), Serafín Pro Guardiola (1906-1977), Gisela Hernández Gonzalo (1912-1971), Juan Antonio Cámara (¿?), Dolores Torres (¿?), Virginia Fleites (1916-1966) y Margot Fleites (¿?).

Según Alejo Carpentier, «Al fundar, con algunos alumnos aventajados, el Grupo Renovación Musical, Ardevol aspiró a establecer una escuela […] de músicos sólidamente preparados en lo técnico, conocedores de los grandes modelos del pasado y de las mejores realizaciones del presente», su intención y su trabajo estuvieron encaminados a «dotar de un respeto casi religioso por el oficio, situando por encima de todo, el culto de la forma». Ardevol entonces «habituaba a los del grupo […] a prepararse para un concierto, a mostrarse las obras y a criticarlas sin miramientos»[14].

Proponer tales principios estéticos, después del triunfo de las obras de Amadeo Roldán y Gardes (1900-1939) y Alejandro García Caturla (1906-1940), pudo ser motivo de grandes descalificaciones si entonces la tolerancia y el respeto por las libertades no hubieran estado tan arraigados en la intelectualidad cubana. Así que del experimento brotaron algunas obras neoclásicas y jóvenes como Julián Orbón pasaron por el Grupo «como un meteoro antes de declararse disidente»[15], en frontal contraste con Harold Gramatges, quien se mantuvo «fiel a las ideas del sector más austero del Grupo […]  y ajeno a toda especulación sobre el folklore»[16].

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Por su parte el Grupo Orígenes estuvo integrado fundamentalmente por los colaboradores de la revista del mismo nombre que circuló desde 1944 hasta 1956: Ellos fueron Virgilio Piñera (1912-1979), Ángel Gaztelu (1914-2003), Fina García Marruz (1923), José Lezama Lima (1910-1976), Eliseo Diego (1920-1994), Lorenzo García Vega (1926-2012), Octavio Smith (1921-1987), Cintio Vitier Bolaños (1921-2009), Gastón Baquero (1914-1997), Cleva Solís (1918-1997), Mariano Rodríguez Álvarez (1912-1990), René Portocarrero (1912-1985), Agustín Pi (1919-2001), Bella García Marruz (1921-2006), Julián Orbón Soto (1925-1991) y José Ardevol Gimbernat (1911-1981) y sus propósitos aparecieron en el primer número de la revista:

 No le interesa a Orígenes formular un programa, sino ir lanzando las flechas de su propia estela. Como no cambiamos con las estaciones, no tenemos que justificar en extensos alegatos una piel de camaleón. No nos interesan superficiales mutaciones sino ir subrayando la toma de posesión del ser. Queremos situarnos cerca de aquellas fuerzas de creación, de todo fuerte nacimiento, donde hay que ir a buscar la pureza o impureza, la cualidad o descalificación de todo arte. Toda obra ofrecida dentro del tipo humanista de cultura, o es una creación en la que el hombre muestra su tensión, su fiebre, sus momentos más vigilados y valiosos, o es por el contrario una manifestación banal de decorativa simpleza. Nos interesan fundamentalmente aquellos momentos de creación en los que el germen se convierte en criatura y lo desconocido va siendo poseído en la medida en que esto es posible y en que no engendra una desdichada arrogancia[17].

 Y en el número 16, celebrando el cuarto aniversario de la revista, los editores enfatizan su vocación democrática y de tolerancia:

 Hemos procurado que la diversidad sea nuestro balance y nuestra euforia. Todo podrá tener acogida en nuestras páginas, menos la chusma, lo frío informe, lo apresurado y el rezagado que quiere ahora pasarse de listo cuando todos sabemos que llegó tarde a la fiesta[18].

 El propósito de crear con todos y para el bien de todos, lo define Lezama en el número 31 como: «un estado de concurrencia, pero nunca un modo grupal de operaciones y coincidencia de criterios»[19], un concepto que se manifiesta al «recordar a autores tan diferentes entre sí y respecto a Lezama como Eliseo Diego, poeta intimista de lenguaje sobrio, y Virgilio Piñera, cuya obra existencialista, insolente e irónica pareció siempre obsesionada»[20].

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Virgilio Piñera junto a F. C. en la la Biblioteca Nacional.
Junio de 1961.

Muchos ideales convivieron, muchas ideologías conformaron la intelligentsia cubana, pero después del 1 de enero de 1959 quienes se niegan a integrar la feligresía del comunismo son sepultados por la lava de diez volcanes.

 Durante los días 16, 23 y 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional José Martí, en La Habana, Castro habló a los remanentes de la intelectualidad cubana y quedó marcada con fuego la norma de las normas, la Ley tribunicia que regiría el pensamiento cubano y que inoculó su esencia a la llamada «Constitución de la República de Cuba»: «Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho»[21]. Y por supuesto, aquí la palabra Revolución es el eufemismo que sustituye la palabra que contiene el real significado de la frase: Dictadura.   

 Desbrozando inteligencias disidentes, diez años después, Castro convocó el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, y en una extensísima declaración final dictó; entre muchas otras normas, que:

 El arte es un arma de la revolución.

 Un producto de la moral combativa de nuestro pueblo.

 Un instrumento contra la penetración del enemigo.

 La revolución socialista en sí es el más alto logro de la cultura cubana y, partiendo de esta verdad insoslayable, estamos dispuestos a continuar la batalla por su más alto desarrollo[22].

Ante la Carta Magna de 1940, que permitió la consolidación del pensamiento cubano, se levantó otra que prohíbe todas las libertades y que por lo tanto suprime la soberanía de los ciudadanos al dictar lo siguiente:

 ARTÍCULO 1. Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva.

 Solo tenemos derecho al socialismo como ideología, solo aceptando el socialismo y/o comunismo podemos acceder a los demás derechos. Así nos quitaron la soberanía.

 Pero el más indiscutible de todos los artículos de esta constitución, el que consagra al régimen como una dictadura constitucional perfecta es el siguiente:

 ARTÍCULO 5. El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista, marxista y leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo es la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado.

 Organiza y orienta los esfuerzos comunes en la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista. Trabaja por preservar y fortalecer la unidad patriótica de los cubanos y por desarrollar valores éticos, morales y cívicos[23].

 Es muy probable que en el futuro, aunque ya no seamos los mismos, por el golpe obstinado de la piqueta sobre diez capas de piedra volcánica, aparezca una isla y, quizás, vuelva a abalanzarse sobre ella una multitud de inteligencias dispuestas a fundarla de nuevo. Ojalá que el castrismo, como lava de diez volcanes, no sepulte también su memoria. Ojalá.
 

Antonio Gómez Sotolongo, República Dominicana, 20.05.2020

Artículo tomado de El tren de Yaguaramas https://eltrendeyaguaramas2epoca.blogspot.com/2020/05/como-diez-volcanes-el-castrismo.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+ElTrenDeYaguaramas2poca+(El+Tren+de+Yaguaramas+2%C2%AA+%C3%89poca)

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[24] Cfr.: Guevara, Ernesto. 1988. El socialismo y el hombre en Cuba. La Habana: Editora Política, p. 8

1] Cfr.: Jiménez, Guillermo. 2008. Los propietarios de Cuba. La Habana. Ciencias Sociales

[2] Cfr.: Barnet, Dr. E. B. Barnet. 1906. «Report from the delegate from Cuba». Washington: Government Print Office. En Transactions of the Second International Sanitary Convention of the American Republics, p. 117

[3] F. C., reconoció la legitimidad de ese derecho al ser juzgado por planificar y ordenar el ataque al cuartel Moncada en la madrugada del 26 de julio de 1953. Cfr.: Castro, Fidel. 1971. «La historia me absolverá». En Cinco documentos. La Habana. Ciencias Sociales, p. 93

[4] Cfr.: Pascual, José A. 1964. Peñas y Tertulias. Enfoque panorámico y micro enfoque sicológico. La Habana: Ágora.

[5] Sueiro, María V. Tres ramas de un tronco común: los hermanos Jiménez Berroa en el contexto sociocultural de Cienfuegos a finales del siglo XIX.

6] Pascual Ob. Cit. P. 59, 60

7] Ídem, 63

[8] Ídem, 64

[9] Ídem, 67

[10] Camallonga, José. 1918. Diario de la Marina. Agosto. Edición Extraordinaria, p. 23

[11] Bosch, Juan. 1999. Cuba, la isla fascinante. Santo Domingo: Alfa y Omega, 233

[12] Cfr.: Carpentier, Alejo. «Panorama de la música en Cuba. La música contemporánea». En Revista Musical.

[13] Constitución de la República de Cuba. 1940. [En línea] [Fecha de consulta 09 de mayo de 2020] Disponible en: https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/6/2525/36.pdf

[14] Carpentier, Alejo. 1961. La música en Cuba. La Habana: Luz-Hilo, p. 186

[15] Ídem, 188

[16] Ídem, 192

[17] Lezama, José. 1944. «Presentación». En Orígenes, núm. 1, p. 5

[18] Los editores. 1947. «Cuatro años». En Orígenes, núm. 16, p. 46

[19] Lezama, José. 1952. «Señales. Alrededor de una antología». En Orígenes, núm. 31, p.64

[20] Mataix, Remedios. 2000. La escritura posible. El sistema poético de José Lezama Lima. Lleida:  Universidad de Lleida, p. 98

[21] Castro, Fidel. 1987. «Palabra a los intelectuales». En Pensamiento y política cultural cubanos. Antología. Tomo II. La Habana: Pueblo y Educación, p. 29

[22] «Declaración del primer congreso nacional de educación y cultura (fragmento)». En Pensamiento y política cultural cubanos. Antología. Tomo II. La Habana: Pueblo y Educación, p. 213

[23] Constitución de la República de Cuba, 2019. [En línea] [Fecha de consulta 09 de mayo de 2020]   http://www.sld.cu/anuncio/2019/01/07/en-pdf-nueva-constitucion-de-la-republica-de-cuba